EL ARTISTA Alejandro Cacherosky La mano precisa, talentosa, calma, traduce la mirada profunda de Alejandro Cacherosky, quien vuelca en estas bellas artesanías (verdaderos objetos de arte) su visión conocedora de la cultura de la Pampa Argentina. Aunque, la ciencia y las tecnologías han sido su educación formal, su habilidad manual ha jugado un papel singular a lo largo de la mayor parte de su vida, de hecho su profesión es la de médico oftalmólogo, con actividad clínico quirúrgica, pero el arte fue sin embargo desde pequeño (y aun lo es) un imán para él. Empezó tallando a la edad de seis cuando su padre le enseñó a sacarle punta a un lápiz con una hoja de afeitar y desde allí no paró de producir viruta, recortes y manchas. Su educación activa en las artes y artesanías ha sido del todo autodidáctica, obteniendo un Título de Entender en la Escuela del Ensayo y el Error. No importa el campo, su interés siempre ha sido más en el proceso creativo que en el producto final, el acabado viene después de la función. El “por qué” y “cómo” son mucho más fascinantes para el artista que el producto final, tanto es así que una vez concluidas las obras se le extrañan y enajenan, como si no hubieran sido fabricadas por sus manos. A veces el arte sale de este proceso investigador. Cuando jóven y por muchos años, el modelismo naval y los carruajes lo fascinaron por su movimiento e historia de aventuras, exploración y conquista, a fuerza de puro viento y sangre. La principal característica de estos elementos de transporte realizados, es la ausencia de la energía mecánica y sin nada de revolución industrial encima (¿contraposición a la altísima tecnología que usa en su otra profesión , la de medico?). Luego vinieron como un acto natural de la adultez los caballos y las monturas y arreos que hacían posible el movimiento de aquellos otros y recién al final aparecen en sus obras el hombre, la mujer y el niño usuarios de todos ellos. Pero siempre la miniatura presente, la maravilla de encerrar en una sola mano todos los detalles y el máximo de fidelidad al objeto mayor, hasta la reproducción de detalles que solo él sabe que están y que les dan ese sello de propiedad y pertenencia. Los caballos de Cacherosky tienen movimiento, vitalidad. Galopan con sus crines rebeldes contra el viento pampeano. Sus ojos reflejan la lealtad hacia el hombre de campo. Sus cuerpos firmes y elegantes, invitan a recorrer la inmensidad de la llanura. Y si estas perfectas miniaturas tienen vida propia es porque la sensibilidad del artista logra rescatar la esencia de este animal, símbolo de la Argentina y protagonista de su historia más patriótica. Estos pequeños caballos guardan una relación perfecta con sus modelos, los imponentes caballos argentinos. Y logran gracias al cuidado obsesivo del artista en cada diminuto detalle, conservar el misterio de la mirada equina, la fuerza de su anatomía, el encanto de su pelaje suave, brillante, y la repetida sensación de que se puede confiar en ellos. Y Alejandro Cacherosky es responsable de que estas figuras sean capaces de trasmitir tanto sentimiento. Cacherosky, además de un exquisito artista, es médico oftalmólogo. Se desempeña como jefe de Departamento Médico Quirurgico en el hospital Vélez Sarsfield de la Ciudad de Buenos Aires. Además de haber incursionado en la última década en el mundo de la telemedicina. Con sus “Miniartesanías” logra fusionar sus conocimientos sobre anatomía, su talento para comunicar y su valor artístico. Sin duda, sus caballos, sus carretas, sus esculturas son una síntesis perfecta de esta diversidad creadora. Navegante de escritorio, galopador de taller y escultor sin cincel, les presenta aquí algunas de sus obras para compartir con Uds.
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